Por: Alexander Tapia Ramírez
Ante los tiempos que estamos viviendo y las situaciones que enfrentamos a diario en nuestra vida personal y como sociedad, muchas veces no queda otra opción que aferrarnos a la esperanza. La esperanza suele ser esa especie de aliciente que encontramos cuando no vemos salida inmediata, pero aun así confiamos en que todo podrá ser distinto.
Muchos suelen decir que la esperanza es lo último que se pierde. Otros solemos afirmar que de la esperanza no se vive. Es bonito encontrar un estado en el que podamos sentirnos seguros de que eso que tanto anhelamos tarde o temprano llegará, pues vivimos esperanzados. Sin embargo es mejor dejar de esperar que las cosas sucedan “tarde o temprano” y actuar para que se den en el momento que deseamos. Bien es cierto que hay circunstancias que escapan de nuestro control, como también es cierto que vivir colgado de la esperanza muchas veces no conduce a nada si no se pone de nuestra parte.
Las cosas en la vida no pueden dejarse al azar, hay que actuar, luchar incansablemente por ellas. De nada vale sentarse a ver el tiempo correr y pensar que con fe y esperanza todo será distinto, cuando todo puede ser diferente con acciones y hechos. No se trata de ser negativo o positivo al extremo, consiste en ser realistas.
La esperanza es lo último que se pierde, porque siempre hay razones y espacio para actuar y luchar por aquello cuanto nos hemos propuesto. De esperanza no se vive, porque son necesarias las ganas, el deseo y las acciones que nos permitan lograr nuestros objetivos.
Si queremos aferrarnos a algo, que sea a nuestra capacidad para lograr todo cuanto anhelamos. Más que vivir esperanzados, vivamos confiados en que cada uno de nosotros tiene la virtud de alcanzar con éxito todo aquello que desea.
La esperanza es bonita, tal vez necesaria, pero nos hemos mal acostumbrado a recargar sobre su sombra el peso de todo aquello que se nos dificulta, cuando en nuestras manos está la fuerza para alcanzarlo. Evitemos que la esperanza se convierta en sinónimo de una espera inútil.